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Siendo Ronda "cuna del toreo a pie", no podía faltar un museo que guardase con esmero una ingente cantidad de recuerdos taurinos de la más variada procedencia. Está situado en un lugar tan apropiado como es la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Sus salas no fueron construidas al efecto, sino que aprovechando los huecos existentes bajo el graderío, se han preparado con la suficiente delicadeza y exquisito arte, para que el entorno sea natural, sin romper la arquitectura de centenario monumento, donde el museo encaja como el "anillo al dedo", ya que no se puede encontrar mejor lugar para conservar un material tan valioso y único, ajustándose a la perfección con el marco que lo expone. El director del Museo Taurino de Ronda, José Antonio Guerrero Pedraza, fue el autor de la idea; él gestionó el lugar con la Real Maestranza y entre ambos lo llevaron a cabo para convertirlo en una realidad muy valiosa, no solo para el coso rondeño, sino que ha enriquecido, aún más si cabe, a la ciudad de Ronda. Para el aficionado a los toros, visitar el Museo Taurino supone entrar en el "túnel del tiempo"; ver carteles originales de una época pasada, de corridas de toros donde actuaban toreros que pasaron a la historia, es mandar la imaginación muchos años atrás para revivir aquellos momentos de gloria; ver aquellos trajes de torear, que pertenecieron a figuras del toreo que rozaron el mito, es como ver la imagen de aquellos hombres desaparecidos hace muchos años, vestidos para hacer el paseíllo o toreando por naturales; ver y, si se puede, tocar estoques, capas o muletas, que pertenecieron a matadores de los que solo se tienen noticias a través de libros o crónicas del pasado, es como sentirse protagonista de una época olvidada; observar recuerdos familiares de aquellos hombres, es como conocerlos de forma íntima; la tragedia, fiel compañera de los hombres del toro, se puede adivinar viendo sus objetos personales; observar aquellas cabezas de toros, que por algún motivo merecieron ser conservadas a través del trabajo artístico de un taxidermista, es como sentir vivo a aquel bello, bravo y noble animal, que mereció ser admirado por las futuras generaciones; en fin todo un cúmulo de cosas que el aficionado sabe valorar en su justa medida. |