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La
pequeña llama que mantengo en el santuario de mi corazón prende en mi ser y se
vivifica alegre a cada momento entre las Manos de la Vida.
¡Si
esta llama encendiese todo cuanto toca, hasta hacer una estrella de Gaia,
merecería la pena mi velar continuo porque no la apague el frío de esta Gran
Noche del Mundo!
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